Canto en Casa

Por qué se quiebra la voz al cantar y cómo evitarlo en casa

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Afuera la lluvia no para y el viento de Valparaíso golpea los vidrios con esa insistencia que solo se siente acá en el puerto. Anoche intenté esa nota alta, la que viene justo después del estribillo, y escuché ese 'crack' seco, un quiebre que me hizo apagar el teléfono de inmediato por pura vergüenza, aunque estuviera sola.

Algo que conviene que sepas antes de que sigamos conversando: una parte de lo que dejo enlazado en este cuaderno son recomendaciones de afiliado de Hotmart. Si alguien cae en un curso de canto por ahí y lo termina comprando, a mí me llega una comisión y a esa persona el precio le queda igual; no le cobran ni un peso más. Eso ayuda a pagar las noches que me siento a escribir esto frente al té frío. Todo lo que menciono es porque lo he abierto y probado yo misma en este rincón del sofá.

Ese momento en que la voz decide irse por su cuenta

Es una sensación extraña, ¿no? Estás ahí, sintiéndote un poco más valiente de lo habitual, las almohadas apiladas para que el vecino del 4B no se entere de que Noelia, la administrativa, está intentando ser algo más que una planilla de Excel, y de repente... el vacío. No es que desafines, es que la voz se parte en dos. Me pasó hace un par de meses, una noche de invierno en Valparaíso, y me quedé pensando si era que mi garganta simplemente tenía un 'agujero' en el medio.

Resulta que ese quiebre, ese 'gallo' que tanto odiamos, no es más que una falta de coordinación. En el Curso Básico de Canto que abrí un martes cualquiera por pura curiosidad, explicaban que nuestras cuerdas vocales son como dos bandas elásticas que vibran. Cuando pasamos de las notas bajas (la voz de pecho, esa que retumba en el esternón) a las altas (la voz de cabeza), hay un cambio de mando entre los músculos tiroaritenoideos y los cricotiroideos. Si ese relevo no es suave, la voz se quiebra. Es como cuando intentas pasar de marcha en un auto viejo y el embrague no responde bien.

Me acuerdo de que esa noche me sentí un poco mejor al entender que no era un fallo de mi 'talento' (que es poco), sino un asunto de física. Mis pliegues vocales estaban intentando pasar de vibrar a unos 100 Hz a quizás 400 o 500 Hz, y en ese salto, se soltaron. No es un drama, es anatomía, aunque cuando te pasa grabando un audio para el grupo de amigas se sienta como el fin del mundo.

El cansancio silencioso de las que hablan todo el día

Pensaba el otro día en el ascensor, mientras el vecino me preguntaba si estaba tomando clases (le dije que no, obviamente, qué vergüenza), en cómo nos afecta el día a día. Yo paso ocho horas respondiendo correos y hablando por teléfono, pero a veces me pregunto cómo lo hacen las profesoras de educación infantil. Tengo una amiga que trabaja en un jardín y siempre me dice que su voz llega 'rota' a casa.

Para ellas, o para cualquiera que trabaje en ambientes ruidosos, el quiebre no es solo falta de técnica; es agotamiento puro. Esas cuerdas vocales han estado peleando contra el ruido de los niños o de la oficina todo el día. Por eso, a veces, los ejercicios de relajación estándar no bastan. Si tus cuerdas están inflamadas por el esfuerzo, ese quiebre va a aparecer sí o sí. Es como intentar correr una maratón con los tobillos hinchados. A veces, la mejor forma de evitar que la voz se quiebre es, simplemente, no cantar ese día y dejar que el té (esta vez caliente) haga su trabajo.

Incluso leer sobre los cuidados de la voz para principiantes que practican canto en casa me hizo darme cuenta de que cantar después de un día de oficina no es lo mismo que cantar un domingo por la mañana después de haber dormido diez horas.

Trucos caseros para que el puente no se caiga

Después de tres semanas de práctica constante, empecé a notar que podía cruzar ese 'puente' sin que se me cayera la voz al precipicio. No fue magia, fueron un par de cosas muy simples que aprendí en ese curso (que por cierto tiene una calificación de 4.4, supongo que a mucha gente le ha servido para no sentirse tan mal como yo). Una de las claves fue la hidratación, pero no como yo pensaba.

Lo que más me costó fue aceptar que para no quebrar la voz, hay que dejar de empujar. Yo pensaba que si la nota no salía, tenía que darle más aire, más fuerza. Y es justo al revés. Es como tratar de atrapar un gato: si corres detrás de él, se escapa. Si te quedas quieta y le ofreces algo, viene solo. Con la voz es igual; si le quitas presión, el quiebre desaparece.

El martes que la nota llegó sin pelear

Hubo un momento, hace poco, un martes cualquiera, en que puse el teléfono en la taza, me puse los audífonos y simplemente dejé que la canción fluyera. No estaba pensando en los Hz, ni en los músculos tiroaritenoideos, ni en el perro del vecino que a veces aúlla cuando intento los agudos. Simplemente hice una 'sirena' suave, me acomodé en mi rincón de cojines y la nota llegó.

No fue una nota de cantante profesional, pero pasó limpia. Sin grietas. Fue la primera grabación que no borré a los dos segundos. La escuché y, aunque me sigue dando un poco de cosa oír mi propia voz, sentí que por fin había una conexión. Es extraño cómo algo tan técnico como entender por qué se quiebra la voz puede terminar siendo algo tan emocional. Ese ratito de no ser 'Noelia la de administración' y ser solo alguien que emite un sonido limpio... vale la pena el esfuerzo de practicar sola.

Si te pasa que te frustras con esos gallos, quizás te sirva echarle un ojo a lo que yo hice. El Curso Básico de Canto [El que abrí un martes] es súper sencillo. Lo que más me gustó es que arranca desde cero absoluto, justo donde estaba yo, y lo puedes seguir en pijama sin que nadie te juzgue. Tiene algunos módulos que me salté porque eran un poco densos, pero la parte de los ejercicios para el quiebre vocal me salvó las noches.

Cantar en el depto, con el eco tragado por los cojines y el té ya definitivamente frío a mi lado, se ha vuelto mi forma de volver a ser persona después de un día gris. Y aunque todavía se me escapa algún gallo de vez en cuando (especialmente si el micro de vuelta a casa fue muy ruidoso y llegué cansada), ya no apago el teléfono con rabia. Solo respiro, tomo un poco más de agua pensando en mañana y vuelvo a empezar. Si quieres probar tú también, quizás podrías empezar por ver si vale la pena el curso básico de canto para aficionados en casa para tu situación particular. Al final, se trata de disfrutar el proceso, ¿no?

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